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Las Estaciones del Amor

Formación Especializada
  • Con Sujey Alemán y Eduardo Grecco
  • Dirigido a terapeutas y personas que buscan sanación personal
  • 4 Módulos mensuales

Las Estaciones del Amor

Los ritmos de la naturaleza, afectos y vínculos

Una comprensión sistémica vincular de las relaciones y de los patrones ancestrales sobre los cuales se sustentan.

Las estaciones del año, mas allá de su condición climática, son espacios afectivos arquetípicos. Patrones cíclicos de la vida que expresan, en sus manifestaciones, una estructura de afectos y vínculos, con una melodía, una armonía y un ritmo específico para cada una de ellos. De manera que, es posible observar cómo del mismo modo en que esta dinámica opera en la naturaleza funciona en las relaciones humanas y, en especial en lo vínculos de amor y las interacciones de pareja. Así, la primavera es un tiempo de renacer, de abrirse a la pasión de la diversidad y la exploración, el magnetismo de las sensaciones. Es el amanecer de la pareja, del movimiento de conocerse. Pero, también, del hecho que lo que inicia puede concluir. Lo flexible dentro de la estructura, lo móvil dentro de lo quieto, la energía amorosa en expansión y ascendente. Es el tiempo donde el amor debe abrir el camino y mantener libre el paso de la energía de la vida. Es el tiempo en el cual el potencial debe florecer, los excluidos ser reintegrados, los proyectos ser formulados. Además, es la época en donde vemos a la pareja desde los anhelos, e imaginamos perfecciones que no existen.

Luego sucede el verano. La pasión que consume. Es el tiempo en el cual la decepción acontece: nos damos cuenta que el otro/a no es perfecto/a. Nos damos cuenta de todo lo que no habíamos querido ver. Las idealizaciones se derrumban y el erotismo y la sexualidad intentan compensar las nuevas percepciones. Los órdenes de la realidad se imponen y aunque sea duro para las parejas es en su aceptación, la posibilidad de trasponer la prueba de este descubrimiento mediante el diálogo y la empatía. Muchas parejas se rinden, renuncian y se rompen. Han hecho conflicto del problema que conlleva la energía del verano. No han podido darse cuenta que el otro/a no es que no nos ama, sino que sólo no nos ama como nosotros queremos que nos ame. En un tránsito en donde los patrones de amor de la memoria familiar están muy activos y reclaman ser completados.      

Luego sigue el otoño, una época para soltar lo que ya la savia del alma no alimenta, pero también elegir a quien queremos que nos acompañe en el tiempo invernal que se avecina. También, como fruto de haber recorrido con amor los problemas de la sequedad del verano, la pareja aprende a lograr acuerdos y tener serenidad en su vínculo. Es el momento de dejar atrás memorias y tradiciones familiares y crear las propias. Durante el verano cuidamos el jardín del amor tratando que la relación no se secará y quebrara, y eso le permite a la pareja cosechar los logros de una actitud que fue capaz de vislumbrar el potencial de la relación y no sólo en las carencias. Es el tiempo del amor maduro que es capaz de aceptar las limitaciones de la relación y acumular recursos para aquello que sigue. Desapego, depuración, soltar, cortar amarras. Es el tiempo de volver a elegir desde la decisión madura.

Y ahora el invierno, época de serenidad, quietud, ensimismamiento. Si el verano y el otoño son estaciones en donde el otro/a son espejo de lo que no vemos de nosotros, la pareja invernal es maestría. El otro/a son maestros en nuestro proceso de evolución. Es la fase del ciclo relacional de la crisis existencial de la relación. Un tiempo de soledad y recogimiento personal, para a través de esa experiencia conectar y despertar la intimidad vincular que cada tanto se adormece.

En el periodo invernal del amor, la naturaleza de la relación parece más desconectada de la vida y del “nosotros”. Es un momento donde cada quien (y la pareja) se introvierte para recuperar fuerzas y conservar la energía esencial que los unió y que le permitirá fascinarse con la explosión afectiva de la primavera sin perderse en ella. La pareja vive “puertas adentro” y todo este proceso reorganiza la dinámica de la relación. La vitalidad deja paso a la reflexión, el ardor a la profundidad.

Dinámica de Trabajo

Los ciclos del año son una metáfora de los ciclos de la vida. Cada estación conlleva la memoria arquetípica del espíritu humano y guarda, entre sus pliegues, historias y huellas de afectos, vínculos y dinámicas parentales. Narra el misterio de la regeneración familiar, del transcurso del tiempo, del orden de la existencia, muertes y nacimientos, uniones y separaciones, exclusiones e inclusiones. Supone la presencia de una mirada optimista y esperanzadora: la muerte no es el fin, el invierno nunca es definitivo, la regeneración sucede, las tensiones de la polaridad forman parte de la naturaleza, del juego en el que participamos.

Por otra parte, los cambios estacionales conectan con temas familiares vertebrales: sexualidad, erotismo, genealogía femenina, fertilidad, sacrificios, muertes, necesidad, culpa, inocencia, traumas… De modo que, las estaciones del año son ventanas de oportunidad para no sólo llevar a cabo un trabajo personal, sino familiar, tanto sobre la familia exterior como la interior. Al mismo tiempo, son símbolos de los “climas” familiares dominantes, en cada momento y como estructuras constantes.

Todo esto nos lleva a plantear un eje de trabajo en cada estación que abarcará:

1) Las dimensiones de cuerpo, psiquismo y alma

2)Las memorias arquetípicas, ancestrales y personales

3) Los vínculos de amor y desamor 

4) Los contextos de vida.

En este eje, más allá de desarrollar una enseñanza discursiva. exploraremos, de manera vivencial, primaveras, veranos, otoños e inviernos, personales y constelares, para descubrir como las estaciones viven en nosotros y en el alma familiar. Indagaremos sobre pendientes, anhelos, potencialidades, implicaciones y embrollos propios de cada momento del ritmo estacional que, desde luego, también está en nuestro interior. Además, como las estaciones están grabadas en nuestro cuerpo, intentaremos sensorializar la experiencia: sabores, sonidos, olores, colores, texturas… Y, como, potencialmente, son experiencias espirituales, viviremos rituales estacionales que nos conecten con el alma familiar, que “…vincula de manera especial a determinados miembros de la familia, dirigiéndolos a través de una conciencia común.” (Bert Hellinger) Y, por cierto, trabajaremos con la Rueda de las Cuatro Direcciones, como una herramienta guía del enfoque constelar y vincular y ejercicios de imaginación activa.

Si bien el ciclo estacional tiene que ver con el sol, con un símbolo del padre, las dinámicas internas que suceden, en el lapso de tiempo de su inicio a su fin, representan un itinerario vincular de la mutualidad diádica madre-hijo. En el proceso de la vida el padre da estructura, la madre movimiento, el padre da apoyo, la madre sostén. Hay, entonces, un itinerario de la primavera a invierno que expresa las relaciones de los hijos con la madre y de la madre con los hijos. No por nada el mito griego de la fundación de las Estaciones está asociado a Deméter (arquetipo de la madre) y su hija Perséfone. En suma, “La relación con la naturaleza, que despierta fuertes sentimientos de amor, reverencia, admiración y devoción, tiene mucho en común con la relación con la madre, como siempre lo han reconocido los poetas.” (Melanie Klein).

Este recorrido es un viaje. Como, del mismo modo, es un viaje el itinerario por las estaciones.  Un viaje que vamos a hacer juntos. Y, dado que: “…la mejor manera de viajar es sentir. / Sentirlo todo de todas las maneras. / Sentirlo todo excesivamente, …” (Fernando Pessoa), les proponemos hacer un viaje por los sentires, porque los sentires no son solo afectos, son existencia. El sistema habita en nuestros sentires y, al desplegar una travesía por ellos, peregrinamos por nuestro sistema. La verdad no cabe en palabras, reside en los sentires. Y, los sentires, son vínculos.

Módulos

  • Patrón Básico. Lo que estuvo oculto en el invierno y circuló como vida invisible a espaldas de la consciencia, todo lo excluido, retorna y aflora. La transmutación es el principio que gobierna el alma del pionero. La aventura de penetrar en lo desconocido, enfrentar el destino, luchar con la adversidad, con confianza y determinación. Buscar retos, esforzarse al límite, disfrutar bajo presión, amar la acción, el movimiento. La primavera nos enfrenta ante el hecho de aprender a aceptar y disfrutar lo efímero y perecedero de la realidad y, por lo tanto, a vivir presentes en el presente. Hay en la primavera una abundancia frágil, una exuberancia que finaliza. Es la fuerza de los inicios.
  • Límites. Intolerancia, oscilación emocional desmesurada, antagonismo entre la rebeldía y el exceso de disciplina, autocomplaciente y autoexigente, bipolaridad, adicciones, no se rinde, se rigidiza. Obsesión por soluciones, cambios, independencia. Necesita estar estimulado. Escapismo
  • Poder. Capacidad de expandirse rápidamente.
  • Palabras claves. Propósito, desafío, entusiasmo, iniciativa, ambición, curiosidad, autonomía, búsqueda de autenticidad.
  • Temor. Quedar atrapado, no hacer florecer las semillas que atesora.
  • Rasgos. La primavera se relaciona con todos los dinamismos de nuestro organismo: físico, psíquico, vincular y familiar. Se conecta con la acción. Su perfil se corresponde con personas creativas, imaginativas, competitivas y dinámicas. Esto ocurre cuando la energía primaveral interior está en equilibrio, no perturbado. La primavera necesita libertad. Si no la tiene, se bloquea y estanca. El estancamiento primaveral se expresa con ciertos afectos: frustración, ira y agresividad. Es un momento para aprender que “El mayor asesino de la vida es la prisa, el deseo de llegar a las cosas antes del tiempo correcto, lo que significa excederse.” (Juan Ramón Jiménez)
  • Temas Constelares. Exclusiones e inclusiones. Destierros y regresos. Anhelos y potencialidades. Memorias de excesiva ambición, mandatos de perfeccionismo e incapacidad para comprometerse. Patrones adictivos. Patrones de infidelidad. Triángulos de amor. Patrones de éxodo, migración, huida y abandono. Órdenes del amor. Amores afrodíticos y dionisíacos. Búsqueda de mejores modos de vida o una vida mejor.  Relaciones fraternales. En esta etapa la vida familiar retorna y florece, luego de un tiempo de serenidad, de crecer desde adentro, de estar retraída reprocesando las huellas dolorosas, de pesares y alegrías. Los lazos familiares vuelven a la vida, despertando de nuevo el deseo a la interacción frecuente. Se presentan los agobios familiares porque todo sucede en un movimiento rápido, transitorio, sin pausa. Es un momento en donde la familia siente que todos los afanes de su propia vida parental, incita, alienta y empuja, a dar un giro, cambiar, abrirse a la novedad. La primavera, además, lleva un mensaje de serenidad a la familia: nada muere de forma irreversible, solo cambia de forma; el pasado es posible de reescribir. Es una fase donde sale a la luz lo que estaba escondido. El sistema propone buscar alianzas a través del amor y cuida que lo que florece lo haga dentro de cierto margen.
  • Tarea del Encuentro. Vamos a observar y descubrir nuestras latencias, aquellas cosas que maduraron en la oscuridad de nuestra vida, todo lo que circula a oscuras en la memoria familiar y necesitamos que aflore. Vamos a poner atención en los pioneros de nuestra familia, en los distintos planos de la vida: amor, dinero, profesión, vocación… Miraremos nuestras “primeras veces”, nuestros primeros amores y desamores. Vamos a aprender de las primaveras de nuestros ancestros, ese tiempo en que todo florecía, preguntarnos como lograron que algo se expandiera, como lograron sobrevivir a las adversidades. Trataremos de identificar las potencialidades que cada quien quiere hacer florecer y los anhelos infantiles que, solapados, mueven a la acción. Vamos a preguntarnos por los excluidos y sus regresos. ¿Hay personajes de la trama familiar que fueron excluidos o excluyeron de tu sistema? ¿Cuáles fueron las razones? ¿Te sientes parte de tu sistema? ¿Sientes algún rechazo? ¿Te consideras rebelde o desleal al sistema? ¿Has rechazado o rechazas a algún miembro familiar?
  • Patrón básico. Lo que floreció en primavera llega ahora a su máximo potencial. El verano es una época de poder, esplendor, plenitud y de expandir hasta los límites de las capacidades. Es un tiempo propicio para los sentires del corazón y un corazón armonioso supone paz y tranquilidad del sistema. La unidad es el principio organizador del alma del Mago, unir el espíritu con la materia, lo masculino con lo femenino, lo personal con lo familiar. Su tarea es superar la separación, encontrar lo común en lo diferente para respetar lo diferente en lo común. Integrar los órdenes del amor con los órdenes de la realidad.
  • Límites. Ansiedad, agitación, sentirse extraño, agotamiento, dificultad con limites e intimidad, hipersensibilidad, fanatismo, seducción, consumismo, desintegración, inmolación, confusión, aburrimiento, fusión.
  • Poder. Capacidad para dar alegría y compasión. Transformar la realidad interior
  • Palabras claves. Realización, plenitud, carisma, comunicación, entusiasmo, sensualidad, pasión.
  • Temor. Dañar con su poder. Temor al derrumbe o la muerte. Miedo al futuro.
  • Rasgos. El verano es el espacio de la palabra, la comunicación verbal. De todo lo que en la familia se dice y se calla. La fuerza que lleva a la familia del silencio a la palabra. Su energía en equilibrio se expresa como alegría, contento, júbilo, risa, extroversión. Cuando se encuentra perturbada: euforia desmedida, manía, exaltación desmedida, verborrea o su otro extremo, depresión. Es un espacio para comprender que el consumismo no logra derrotar las heridas de las escenas traumáticas infantiles.
  • Temas constelares. Perpetradores. Victimas y victimarios. Abuso, negligencia, maltrato. Patrones de conflicto entre deseo de contacto y soledad. Patrones de descontrol. Psicosis. Abusos sexuales. Patrones de sometimiento. Expiación. Amores ciegos. Relaciones de amantes. Padres, como pareja combinada.
    El verano es un tiempo familiar pleno de calor y luz que mueve a la familia a la curación, de bienestar, de explosión de energía y, a la par, de agotamiento, sequedad y de no querer renunciar a la ilusión de que nada cambia. Se quiere vivir la vida familiar al máximo y esto puede generar vínculos intensos, pero no profundos. El sistema propone a sus miembros renovar su lealtad con él.
  • Tarea del encuentro. Vamos a explorar nuestras voces tóxicas y saboteadores interiores y a tratar de identificar de donde provienen y hacia donde esas fuerzas nos dirigen. Trataremos de descubrir las historias de victimización personales y ancestrales. Del mismo modo nos conectaremos con las “maldiciones”, fatalidades, promesas y destinos familiares que afectan nuestra vida, Indagaremos sobre la sombra familiar y sobre los personajes ancestrales que hicieron “milagros”, que reunieron, que unieron a la familia para, así, aprender de ellos como unir a nuestros parientes actuales. También, observaremos a nuestros familiares, actuales o pasados, que tenían la fuerza para lograr que los sueños familiares se realizaran, porque luchaban por ellos. Cuando las personas se alinean con el arquetipo del Mago, cuando se conectan con la energía del verano, con la fuerza del corazón, el sistema familiar prospera. También investigaremos los amores apasionados en la memoria familiar.  Junto a todo eso, vamos a preguntarnos por nuestro padre. ¿Cómo fue la relación con tu padre? ¿Estuvo ausente o presente en tu infancia? ¿Aceptas o reniegas de tu padre? Y, además, vamos adelantar temas que del verano cruzan y enlazan el otoño: relaciones de pareja. ¿Cómo han sido tus relaciones de pareja? ¿Ves algún patrón o modelo en tus elecciones? ¿Te resulta difícil iniciar o consolidar una relación? ¿Qué te atrae de la otra persona? ¿Tienes algún límite en tus relaciones?

 

 

 

 

 

 

 

  • Patrón básico. La exuberancia y el derroche del verano contrasta con la austeridad del otoño. Es un tiempo en donde todo parece marchitarse y perder vigor. La savia de los árboles se afirma en su interior y desciende hasta sus raíces. Un claro mensaje que nos indica ir hacia nosotros mismos y retornar a nuestros orígenes personales y familiares y a todo aquello que nos alimenta y sostiene. Mirar hacia nuestros ancestros. Es una época en la cual nos vemos inundados de afectos que nos empujan a recoger y guardar, para prepararnos para el movimiento invernal que sigue y, al mismo tiempo, a soltar todo aquello que ya está terminado en nuestra vida. Y hacerlo de un modo apacible y amable, tal como lo hacen ramas de los árboles con las hojas.  
  • Límites. Prejuicios, perfeccionismo, estricto, indiferencia, dogmatismo, insensible, hipocresía, falta de espontaneidad, formalismo, control. Crear sobre expectativas, desengaño, fantasía en exceso.
  • Poder. Trasmutación. Separación, contención, refinamiento y delicadeza
  • Palabras claves. Discernimiento, orden, guardián de las normas, valores morales, estética, doctrina, defensor de la virtud, principios y belleza, maestría ceremonial y de la disciplina, serenidad, distancia, método, perspicacia, honradez, discreción, pureza.  Entusiasmo, imaginación, determinación, creatividad.
  • Temor. Fracaso en crear, imaginar y enseñar. Temor al caos.
  • Rasgos. La energía otoñal se caracteriza por el suave desprendimiento, optimismo, vitalidad, sensibilidad, nobleza y liderazgo espiritual. En desequilibrio los afectos que dominan son melancolía, tristeza, apatía. Toda familia tiene asuntos que cerrar, soltar… y la energía de esta época es la que alimenta la fuerza de los cierres y despedidas. Es un tiempo en el cual, en el proceso vincular, si estamos conectados con la energía otoñal, recibimos el regalo, parafraseando a Carl G. Jung, de atraer a alguien que sea consciente, profundo, apasionado, sensible y espiritual, en el nivel que nosotros alcanzamos. A alguien que está dispuesto a evolucionar con nosotros en todos los planos de la existencia.
  • Temas constelares. Historias familiares asociadas a un desempeño idealista como buscadores de justicia social. Patrones de amor y odio en relación al dinero. Problemas de herencia. Ancestros visionarios que expresaron la necesidad de establecer sus ideas y convicciones y convertirlas en bienes y regalos. Órdenes de la Ayuda. Familiares que inspiran admiración y/o soportan los terremotos de la vida con fortaleza. Rupturas y separaciones traumáticas. Relaciones de pareja.
    El otoño es un tiempo en que la familia se desprende de lo que no le hace falta, se llama al silencio y se conecta con el cambio constante que está presente en todo momento en la vida y la historia familiar. Hace consciencia que las historias familiares nacen, crecen y se desvanecen. Además, nos recuerda que todo está conectado. Esto produce serenidad, porque permite comprender las profundas conexiones que arraigan a cada persona con su familia, a cada familia con otras familias y con la comunidad como un todo. Es época en la cual el sistema busca “depurar” todo lo que no sea afín con sus intereses, valores, normas y creencias.
  • Tarea del encuentro. Vamos a explorar nuestro poder transformador y los recursos que disponemos para ello. Observaremos el poder transformador en la historia familiar para conectarnos con esa energía. Indagaremos sobre los patrones de separaciones y rupturas familiares. Veremos en que medida existen secretos y como podemos usar la fuerza de los secretos para transmutar nuestros límites en recursos. ¿Quiénes fueron o son, en mi familia, aquellos que logran que algo con poco valor se convierta en valioso? Además, reflexionaremos sobre los amores otoñales: el amor no es una conquista, sino un encuentro sustentado en alegría, ternura, complicidad y honestidad afectiva. Y, sobre las historias de amor o desamor que cambiaron la historia familiar. Además, vamos a explorar lo relacionado con el dinero y herencias. ¿Recibiste alguna herencia? ¿Hubo conflictos en la familia por esa herencia? ¿Sentiste que fue equitativa? ¿Hubo algún ancestro o familiar que fue desheredado? ¿Cómo reaccionó? ¿Viviste situaciones conflictivas con alguna herencia? ¿Hay en tu sistema algún patrón de herencias? ¿Eres una persona abundante? ¿Tu familia y tu sistema son abundantes? ¿Existen creencias limitantes respecto al dinero en tu familia? ¿Has vivido situaciones de injusticia o desequilibrio relacionadas con el dinero? ¿Sientes que el dinero no fluye y te cuesta generarlo?
  • Patrón básico. Ahora la vida transita en el interior de la tierra. Es un tiempo que demanda profundidad y persistencia. Es una época de aparente quietud, donde la naturaleza guarda su energía en las raíces. Los movimientos menguan su intensidad, la energía desciende y se concentra en la profundidad. Sin embargo, en el interior se va generando un proceso de gestación que germinará en la renovación de primavera. Todo la aprendido en la evolución para sobrevivir aquí se escenifica. Los seres humanos nos volvemos sobre nosotros mismos alentados por un fuerte deseo de verdad. Queremos disipar los misterios y encontrar el sentido a nuestra vida. Es un espacio de reencuentro y resignificación de nuestras memorias, de conectarnos con la fe, el poder de la compasión y el destino. Nos preguntamos si queremos estar con quienes estamos, haciendo lo que hacemos y estando donde estamos.  
  • Límites. Dureza, brusquedad, retraimiento, codicia, crítica, capricho, tacañería, conformismo, aislamiento, cinismo, pesimismo, negación, imprudencia, vulnerabilidad, derroche.
  • Poder. Desapego. Consolidación. Ver tras lo aparente. Capacidad de espera.
  • Palabras claves. Verdad, misterios, honestidad, imaginación, continuidad, fluidez, originalidad, resistencia, autosuficiencia, privacidad, conservar.
  • Temor. Ser engañado, no sobrevivir la adversidad
  • Rasgos. La energía invernal alienta valentía, capacidad de lucha, resistencia y administración de recursos en las personas y en la familia. Voluntad, resolución y determinación son rasgos que manifiestan su equilibrio. Miedo, celos, inseguridad, fobias, ambigüedad, cobardía manifiestan el desequilibrio. Es una fase de los ritmos de la vida en los cuales, a nivel vincular, “… se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñe a mirar con otros ojos,” (Mario Benedetti)
  • Temas Constelares. Secretos familiares. Familias divididas o fracturadas por creencias (políticas, religiosas, etc.) Historias de abortos y embarazos fallidos. Muertes tempranas. Deudas familiares. Lealtades. Embrollos e implicaciones. Relaciones abuelos – nietos. Parentalizaciones.
    El invierno es un tiempo en que el alma familiar se conecta con quietud, oscuridad y frío, que la invita a retirar del exceso de socialización, a ir hacia el interior de sí misma. Esta etapa, que puede parecer falta de vida, en realidad facilita el descanso, que las relaciones y afectos se regeneren y sanen para florecer de nuevo en primavera. En esta etapa se protege la energía vital, se cuida la vitalidad familiar. El invierno enseña a la familia a mantenerse serena y resistir en la adversidad, a ser más fuerte y resiliente. La serenidad propia del invierno, conecta a la red familiar con sabiduría, compasión y aceptación y a las memorias opuestas de desconocimiento, duda, ignorancia, dureza, crueldad, insensibilidad, desprecio y recusación, rechazo, desaprobación. El sistema intenta que todos los secretos permanezcan enterrados, que la verdad no salga a la luz.
  • Tarea del encuentro. Vamos a indagar sobre nuestros patrones de anhelar saber la verdad y tener miedo que esto ocurra. ¿Qué misterios, secretos, incógnitas, ocultamientos hay en mi familia? ¿Qué mentiras familiares están presentes? Exploraremos nuestra relación con la soledad y con la capacidad de hablar de nuestros afectos con nuestra familia y pareja. Dirigiremos la mirada a los personajes familiares que funcionaron o funcionan como “oráculos” o “iluminados”. ¿Cuál es el proyecto familiar? ¿Qué sentido alienta a mi familia? ¿Cuál es el origen de este proyecto, propósito o sentido? ¿Se asocia con algún acto fundador en la historia familiar? Miraremos nuestras pérdidas y nuestros duelos y consideraremos la posibilidad de la existencia de fantasmas vinculares que aún no hemos enterrado, historias que no hemos procesado. Del mismo modo, exploraremos los duelos familiares no elaborados que perviven como obstáculos que nos estancan o detienen el proceso parental.  También vamos a explorar la relación con la madre y la muerte. ¿Sientes algún un bloqueo en la relación con tu madre? ¿Sientes que recibiste consuelo de tu madre en tu infancia? ¿Cómo son las madres de tu sistema? ¿Existen en tu historia duelos sin elaborar? ¿Hay duelos en la memoria familiar sin cerrar? ¿Es un tema que se habla, en tu familia, las muertes naturales, suicidios y abortos? ¿Es una cuestión relegada o prohibida? ¿Hubo muertes tempranas? ¿Hubo hermanos muertos antes de ti?
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