Carlos Montes de Oca
Aporta al encuentro la perspectiva de la neurociencia y la psicología cognitiva para comprender los mecanismos que intervienen durante el proceso de duelo.
El duelo no es solamente tristeza. Es el cerebro, el cuerpo y nuestros vínculos intentando comprender una ausencia.
Perder a alguien que amamos es una de las experiencias más universales y, al mismo tiempo, más solitarias. Aunque sabemos racionalmente que esa persona ya no está, una parte de nosotros puede continuar buscándola, esperándola o sintiendo que en cualquier momento volverá.
Nuestro cerebro aprende a contar con la presencia de las personas significativas. Sus rutinas, su voz, sus mensajes, su manera de acompañarnos y el lugar que ocupan en nuestra vida forman parte de nuestras predicciones cotidianas.
Cuando una persona muere, la realidad cambia de forma abrupta, pero el cerebro no modifica inmediatamente aquello que aprendió durante años. Una parte de nosotros sigue esperando a quien ya no llegará.
También intervienen nuestros sistemas de apego. Perder a una figura significativa puede activar mecanismos muy antiguos relacionados con la seguridad y la supervivencia. Por eso el duelo puede sentirse no solo emocionalmente, sino también en el cuerpo.
Desde esta mirada, comprender el duelo desde la neurociencia nos permite alejarnos de la idea de que existe una única manera correcta de atravesarlo o una secuencia rígida de etapas que todas las personas deberían cumplir.
Comprender una pérdida implica mirar más allá de una sola explicación.
Nuestros sistemas de predicción y recompensa deben aprender una nueva realidad en la que esa persona ya no está físicamente presente.
Los vínculos de apego están relacionados con sistemas profundos de seguridad y supervivencia. Por eso una pérdida también puede sentirse corporalmente.
Una ausencia modifica relaciones, lugares familiares y maneras de pertenecer. El duelo también implica reorganizar nuestro mundo vincular.
El duelo no siempre termina en una sola generación. En las familias pueden existir pérdidas que no pudieron ser lloradas, personas ausentes de las que apenas se habló o acontecimientos dolorosos que quedaron fuera de la historia familiar.
Desde el Enfoque Vincular y las Constelaciones Vinculares, podemos explorar cómo algunas de esas experiencias siguen haciéndose presentes a través de vínculos, emociones o formas inconscientes de permanecer unidos a quienes estuvieron antes.
En ocasiones, continuar sufriendo puede convertirse en una manera profunda e inconsciente de conservar la cercanía con alguien que ya no está.
Neurociencia, psicología cognitiva y Constelaciones Vinculares se encuentran para observar la pérdida desde diferentes perspectivas.
Comprender qué sucede en el cerebro cuando perdemos a una persona significativa.
Explorar la relación entre apego, cuerpo y pérdida.
Cuestionar la idea de que el duelo tiene que avanzar de manera ordenada a través de cinco etapas.
Diferenciar un proceso natural de duelo de situaciones en las que puede ser necesario acompañamiento profesional.
Observar cómo los duelos no elaborados dentro de una familia pueden continuar presentes en generaciones posteriores.
Explorar una forma diferente de relacionarnos con la memoria y el vínculo de quienes ya no están.
Una propuesta que integra la comprensión del cerebro y la psicología con la mirada sistémica, vincular y transgeneracional.
Aporta al encuentro la perspectiva de la neurociencia y la psicología cognitiva para comprender los mecanismos que intervienen durante el proceso de duelo.
Desde las Constelaciones Vinculares, amplía la mirada hacia los vínculos familiares, las pérdidas transgeneracionales y aquello que puede permanecer presente a través del sistema.
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