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  • Imparte: Sujey Alemán y Eduardo H. Grecco
  • Dirigido a público en búsqueda de sanación
  • Martes 7 de Mayo del 2024
  • 5:00 pm CDMX

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Nuestros 4 Cordones Umbilicales

Taller Terapéutico de Constelaciones Vinculares

Nos unen a nuestra madre cuatro cordones umbilicales que se relacionan con los cuatro cuerpos de la personalidad: físico, etérico, emocional y mental.

El primero de estos cordones, asociado al elemento tierra, es el biológico que carga con las huellas del apego que nos permite sobrevivir luego de nacer y con la memoria de la pérdida más significativa de la existencia, la del cuerpo de mamá. Es el cordón que nos conectaba a mamá en la etapa gestativa.

El segundo es el etérico que sustituye al biológico original. El cuerpo etérico o energético de la madre es el que termina de modelar los órganos del niño y sus patrones de resiliencia y pulsación. Es el elemento agua. El cordón etérico se corta en torno de los siete años. Entre los siete y catorce años ocurre el proceso de cincelado emocional del niño. Su mundo afectivo es modelado por el cuerpo afectivo de la madre. Es el elemento fuego. Al entrar en la pubertad este cordón umbilical afectivo se corta y comienza el tiempo en el cual el cuerpo mental de la madre incide en la construcción del cuerpo mental del adolescente. Es el elemento aire, el cordón umbilical cognitivo o mental.

A partir de los 21 ocurre una curiosa crisis que la madre registra “como que su hijo esta diferente, no es el mismo”. Se ha cortado el último cordón umbilical de la personalidad. Sin embargo, la conexión con la madre permanece solo que se llena de alma. La “madre de la personalidad” pierde su rol protagónico para dar paso a la Madre Espiritual, Cósmica o Universal, en el lenguaje de las tradiciones antiguas. Para convertirnos en personas plenas es necesario desplegar el potencial que anida en nuestro interior, volver a nacer, tener un nuevo parto, esta vez no solo psicobiológico sino espiritual. Y esto que ocurre en la relación con la madre sucede, a través de ella, con nuestro sistema familiar. Vamos cortando cordón tras cordón hasta poder abrirnos a vincularnos con el alma del sistema. Este proceso con mamá y con el sistema no siempre se completa y quedamos atorados sin cortar algún cordón. Loa anhelos nos ganan y nos perdemos en la dependencia. En el fondo, toda dependencia reside en seguir queriendo estar atado a mamá por un cordón umbilical de la personalidad (anhelos) en lugar de avanzar y permitir que la reunión con mamá y el sistema se actualice desde la dimensión espiritual. Que siempre esta y estará pero hay que hacerla presente.

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